lunes, 6 de noviembre de 2017

Así, como si nada

Y de repente, como si nada, una lombriz que tiembla se ha deslizado en mi estómago y por hoy ya he tenido suficiente ración de gente. Suficiente compañía.

La gente que me rodeaba me miraba como se mira a un moribundo y yo los miraba como un moribundo.

viernes, 13 de octubre de 2017

Aron

6. If you were able to live to the age of 90 and retain either the mind or body of a 30-year-old for the last 60 years of your life, which would you want?

7. Do you have a secret hunch about how you will die?

13. If a crystal ball could tell you the truth about yourself, your life, the future or anything else, what would you want to know?

17. What is your most treasured memory?

18. What is your most terrible memory?

19. If you knew that in one year you would die suddenly, would you change anything about the way you are now living? Why?

22. Alternate sharing something you consider a positive characteristic of your partner. Share a total of five items.

24. How do you feel about your relationship with your mother?

30. When did you last cry in front of another person? By yourself?

33. If you were to die this evening with no opportunity to communicate with anyone, what would you most regret not having told someone? Why haven’t you told them yet?

35. Of all the people in your family, whose death would you find most disturbing? Why?

viernes, 8 de septiembre de 2017

Las noches. Las mañanas



Las mañanas son más tristes que las noches.

La jaula tiembla por dentro.

Un intento arruinado en la memoria de las piedras.

domingo, 3 de septiembre de 2017

El sueño de Endymión



Un hombre duerme suave
en la palma de mi mano.
Sus ojos dos cruces negras,
su frente sueño sembrado.

Un hombre duerme suave
en la palma de mi mano.
Su pecho es una almohada
donde descansa el verano.

sábado, 7 de mayo de 2016

Cierto grado de cordura

Necesitaría recuperar cierto grado de cordura
para poder continuar entre los vivos.

Un paso más y poblaré, yo solo e infinito,
la zona muerta y silenciosa.

jueves, 5 de mayo de 2016

Demonios y santos

Yo tengo siete demonios dentro
que me dan aliento
para hacer el mal.

Yo tengo siete santos dentro
que me dan tormento
para no pecar.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Un trozo de cuerda











«Λόγος είναι ένα σχοινί να κρεμάσει.»1

                                Αντισθένης












1: La razón es una cuerda para ahorcarse. (Antístenes)

miércoles, 8 de julio de 2015

Los nombres de Dios





















Protégeme, Lowenbein.
Protégeme, Allyues.
Protégeme, Huteoul.
Vieare, Tpah, Enertioch.
Protégeme, Burici.
Atichand, protégeme.
Frupereog, protégeme.
Remanterhs, protégeme.
Protégeme, Siduri.
Ezonsab.
Heyincrod.
Eopiosta.
Abadbeh.
Protégeme, Pfhat.
Protégeme, Aion.
Zulkadah.
Traheen.
Hiphalt, Chnuphis, Manihlot.
Protegedme de lo que deseo.

martes, 23 de octubre de 2012

La fuerza que necesito,

la fuerza que necesitas

 


«Un hombre sólo necesita fuerza para comprar un clavo y un trozo de cuerda. Si es capaz de salir a la calle a comprar esas dos cosas ya puede ahorcarse.

Esa es la base de toda esperanza.»

                                                                            Angélica Liddell

domingo, 4 de marzo de 2012

Yo bajo al infierno y sé cosas

que no saben los demás


La mezquindad

"El mundo de la cultura (en el que vivo por una vocación literaria cada día más ajena a esa sociedad y a ese mundo) es el lugar de la estupidez, de la vileza y de la mezquindad. No puedo aceptar nada del mundo en que vivo. Digamos que me he quedado aislado, envejeciendo conmigo mismo y con la repugnancia de hablar tanto de compromiso como de no compromiso."

P.P.P.


domingo, 8 de enero de 2012

Pequeño y desde dentro

Estoy sano,
pero no estoy curado.

Sálvame Crostin Onfad.
Sálvame Haderb Donnach.
Sálvame Syferrt Hallyss.
Sálvame Cupsbet Ýstruti-Kippio.
Sálvame Anneli Strut.
Prebbys Grikes, sálvame.
Iefeeli, Almqvist, Lemprière, Tiverco,
salvadme, por el amor de dios.


Y tú, Careus Guldnet,
pequeño y desde dentro,
protégeme.

Protégeme de aquello que más deseo.


martes, 4 de octubre de 2011

Un clavo



«Die Existenz-Bedingung der Guten ist die Lüge –: anders ausgedrückt, das Nicht-sehn-Wollen um jeden Preis, wie im Grunde die Realität beschaffen ist, nämlich nicht derart, um jederzeit wohlwollende Instinkte herauszufordern, noch weniger derart, um sich ein Eingreifen von kurzsichtigen gutmütigen Händen jederzeit gefallen zu lassen.»1

                                 Friedrich Nietzsche





1: La condición de la existencia de los buenos es la mentira: dicho de otro modo, el no-querer ver a ningún precio, cómo está constituida en el fondo la realidad, a seaber, que no lo está de tal modo que constantemente suscite instintos benévolos y menos aún de tal modo que permita constantemente la intervención de manos miopes y bonachonas.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Toda la bondad




He agotado la bondad que me había sido entregada. La he agotado toda.
Toda la bondad.

martes, 29 de marzo de 2011

Para nada

He estado echando una ojeada por una página de anuncios de trabajo: No sé hacer nada. Estoy en los últimos puestos en la carrera por superar la Selección Natural.




No puedo sentirme más alejado.
Cada vez tengo menos que ver con.
No quedan apenas puentes, no hay ni un cable tendido.
Todo sigue por pura cinética.
Me gustaría saber si se detendrá.
No sé si me gustaría que se detuviera.
No. No lo sé.
Aún no sé si quiero que se detenga todo.

Estoy a punto de anular las próximas dos funciones. No le veo ningún sentido a realizarlas.
Estoy verdaderamente cansado.
Estoy verdaderamente cansado.
Estoy verdaderamente cansado.

viernes, 25 de marzo de 2011

Desempolvar la muerte

He traído mis libros a casa. Estaban en casa de mi padre almacenados en seis cajas —cuatro medianas y dos grandes— desde hacía cuatro años. Echaba de menos a esos cabrones igual que si fueran mis hijos.

Seis cajas de libros son lo que adquirí durante seis años.  Una caja por cada año.

Tras jugar con las cajas un rato, he separado poesía y narrativa por un lado, y ensayo y libros técnicos por el otro. He puesto todos los volúmenes del primer grupo en el suelo, agrupados por categorías (guiones de cine; ficción; poesía española y catalana; poesía extranjera; biografías) y los he ordenado alfabéticamente. Luego he hecho lo mismo con los ensayos, pero todos a saco por orden alfabético. El teatro ha quedado aparte. También los volúmenes singulares y los libros de arte de gran formato, así como una fila detrás del teatro donde se ocultan los libros vergonzantes y los de temática espiritual.

Entonces he decidido hacer un ensayo visual, como los que hace John Berger.


—¿Quieres que lo hablemos?
—No quiero hablar ahí entre los libros. No, no quiero.















jueves, 17 de marzo de 2011

Sometidos

«[...] todos estamos sometidos al envejecimiento y a la muerte. Estas nociones de vejez y de muerte son insoportables para el individuo; se desarrollan soberanas e incondicionales en nuestra civilización, ocupan progresivamente el campo de la conciencia, no dejan que en ella susista nada más.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

miércoles, 16 de marzo de 2011

Análisis

«Éste es el primer efecto del psicoanálisis: desarrollar en sus víctimas una avaricia y una mezquindad ridículas, casi increíbles. Inútil intentar ir a un café con alguien que se está analizando: inevitablemente empieza a discutir los detalles de la cuenta, y uno acaba teniendo problemas con el camarero.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

Liberalismo

«Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el libetralismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

Disminuido

«[...] y la vida ya no es más que una preparación a la muerte. Lo cual puede expresarse de forma más brutal y menos exacta diciendo que el hombre es un adolescente disminuido.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

Falta

«A este mundo le falta de todo, salvo información suplementaria.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

Sèvres-Babylone

«En la estación de Sèvres-Babylone vi un extraña pintada; "Dios quiso desigualdades, no injusticias", decía la inscripción.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

martes, 15 de marzo de 2011

Un plan de urbanismo

«Si uno llega en autobús, podría creer que la tercera Guerra Mundial acaba de terminar. Pero no, es sólo un plan de urbanismo.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

La dificultad. La norma

«La dificultad es que no basta exactamente con vivir según la norma.»

Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla

sábado, 1 de enero de 2011

Credo

I believe in the power of the imagination to remake the world, to release the truth within us, to hold back the night, to transcend death, to charm motorways, to ingratiate ourselves with birds, to enlist the confidences of madmen.

I believe in my own obsessions, in the beauty of the car crash, in the peace of the submerged forest, in the excitements of the deserted holiday beach, in the elegance of automobile graveyards, in the mystery of multi-storey car parks, in the poetry of abandoned hotels.

I believe in the forgotten runways of Wake Island, pointing towards the Pacifics of our imaginations.

I believe in the mysterious beauty of Margaret Thatcher, in the arch of her nostrils and the sheen on her lower lip; in the melancholy of wounded Argentine conscripts; in the haunted smiles of filling station personnel; in my dream of Margaret Thatcher caressed by that young Argentine soldier in a forgotten motel watched by a tubercular filling station attendant.

I believe in the beauty of all women, in the treachery of their imaginations, so close to my heart; in the junction of their disenchanted bodies with the enchanted chromium rails of supermarket counters; in their warm tolerance of my perversions.

I believe in the death of tomorrow, in the exhaustion of time, in our search for a new time within the smiles of auto-route waitresses and the tired eyes of air-traffic controllers at out-of-season airports.

I believe in the genital organs of great men and women, in the body postures of Ronald Reagan, Margaret Thatcher and Princess Di, in the sweet odors emanating from their lips as they regard the cameras of the entire world.

I believe in madness, in the truth of the inexplicable, in the common sense of stones, in the lunacy of flowers, in the disease stored up for the human race by the Apollo astronauts.

I believe in nothing.

I believe in Max Ernst, Delvaux, Dali, Titian, Goya, Leonardo, Vermeer, Chirico, Magritte, Redon, Duerer, Tanguy, the Facteur Cheval, the Watts Towers, Boecklin, Francis Bacon, and all the invisible artists within the psychiatric institutions of the planet.

I believe in the impossibility of existence, in the humor of mountains, in the absurdity of electromagnetism, in the farce of geometry, in the cruelty of arithmetic, in the murderous intent of logic.

I believe in adolescent women, in their corruption by their own leg stances, in the purity of their disheveled bodies, in the traces of their pudenda left in the bathrooms of shabby motels.

I believe in flight, in the beauty of the wing, and in the beauty of everything that has ever flown, in the stone thrown by a small child that carries with it the wisdom of statesmen and midwives.

I believe in the gentleness of the surgeon’s knife, in the limitless geometry of the cinema screen, in the hidden universe within supermarkets, in the loneliness of the sun, in the garrulousness of planets, in the repetitiveness or ourselves, in the inexistence of the universe and the boredom of the atom.

I believe in the light cast by video-recorders in department store windows, in the messianic insights of the radiator grilles of showroom automobiles, in the elegance of the oil stains on the engine nacelles of 747s parked on airport tarmacs.

I believe in the non-existence of the past, in the death of the future, and the infinite possibilities of the present.

I believe in the derangement of the senses: in Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.

I believe in the designers of the Pyramids, the Empire State Building, the Berlin Fuehrerbunker, the Wake Island runways.

I believe in the body odors of Princess Di.

I believe in the next five minutes.

I believe in the history of my feet.

I believe in migraines, the boredom of afternoons, the fear of calendars, the treachery of clocks.

I believe in anxiety, psychosis and despair.

I believe in the perversions, in the infatuations with trees, princesses, prime ministers, derelict filling stations (more beautiful than the Taj Mahal), clouds and birds.

I believe in the death of the emotions and the triumph of the imagination.

I believe in Tokyo, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

I believe in alcoholism, venereal disease, fever and exhaustion. I believe in pain. I believe in despair. 

I believe in all children.

I believe in maps, diagrams, codes, chess-games, puzzles, airline timetables, airport indicator signs. I believe all excuses.

I believe all reasons.

I believe all hallucinations.

I believe all anger.

I believe all mythologies, memories, lies, fantasies, evasions.

I believe in the mystery and melancholy of a hand, in the kindness of trees, in the wisdom of light.» 


[Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los Pacíficos de nuestras imaginaciones.
Creo en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado, observados por un empleado de estación de servicio tuberculoso.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.
Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.
Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.
Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.
No creo en nada.
Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.
Creo en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles miserables.
Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.
Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.
Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.
Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.
Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los calendarios, la traición de los relojes.
Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.
Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.
Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.
Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.
Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.
Creo en el dolor.
Creo en la desesperanza.
Creo en todos los niños.
Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.
Creo en todas las excusas.
Creo en todas las razones.
Creo en todas las alucinaciones.
Creo en toda la rabia.
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.
Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz.]

J. G. Ballard
What I Believe

martes, 23 de noviembre de 2010

Duele el amor

Tengo miedo, pero no lo confieso. Por miedo al mismo miedo.

Se me han contraído los ojos: dos puntos diminutos en la cara.

Parezco un bicho. No parezco yo.


Esto no puede ser un retrato.

A estas alturas de la partida, me parece increíble que algo me pueda sorprender aún. Me parece increíble que algo me pueda sacudir.

En los dos últimos días, he sido lanzado hasta tocar las nubes para caer libremente después contra el suelo. No me puedo ni lamer las heridas. Deseo morir pronto. Eso es todo. It might be nice to disappear. Esa canción se ha convertido en una obsesión. Deseo morir pronto. Sólo eso.


No me espanta la idea. No voy a hacer nada al respecto. Solamente queda esperar. Mientras tanto callaré para no mentir.

Queridas hermanas mías... Os lo he confesado todo, ahora callaré... Ahora seré como el loco descrito por Gógol... silencio... silencio...

lunes, 22 de noviembre de 2010

Se acerca. Ya llega.

Se acerca el final

No hay quien aguante.
Demasiados días siendo bueno.
Demasiados días siendo tibio.
Templado.

Se acerca el final.

Tengo frío.
Como sólo un muerto tiene frío.
Sólo un muerto.

Se acerca el final.

Ya llega.

martes, 9 de noviembre de 2010

Delgada y tensa. Quebradiza.


Una línea fina,
delgada y tensa.
Quebradiza.

Mi cuerpo se ha convertido en una raya agudísima. Soy una hebra de humanidad. Sólo una hebra.

Hace dos días lo solté. Dije que no estaba cómodo con él, que con el amor no basta. Que el sexo con él es tan parcial...

Duele.

El sexo con él duele.
La ausencia también.
Hay demasiada atención prestada a mi sexo con él.
Siento el cerco policial alrededor de mi sexo.
Sus fantasmas me meten hachones encendidos por el culo,
hienden bisturís en mi sexo que ya no es mío,
ya es de otro.

Llevamos tres días sin apenas rozarnos.
Huele a podrido, es indisimulable.
El terror está brotando de este detrito
tibio como una meada
falto de todo
ahogado por nada.

El silencio es peor que cualquier insulto,
peor que si nos escupiéramos azufre encendido.

El perdón está en desuso: hoy una joven madre apresuraba a cruzar la calle a su hija pequeña, diminuta, preciosa. Al término del cruce, al otro lado del paso de cebra, la madre dice a la hija humildemente y con tanta serenidad: «Perdóname, perdoname por meterte prisa». La hija besa a su madre y continúan su camino. Me he escondido detrás de unos coches para llorar. No tenía con qué enjugarme las lágrimas, con qué sonarme los mocos. La serenidad es una fuerza delgada y tensa. Quebradiza.

martes, 28 de septiembre de 2010

La ira, la rabia, el odio


Continúo perdiendo el control sobre mi ira. No soy capaz. Eso me desautoriza por completo a la hora de abordar cualquier conflicto. Necesito una distracción, algo que haga cosquillas en mi puta cabeza antes de que lo haga saltar todo por los aires.

Aquél hombre me miró y me hizo una seña. Se metió en el wc y yo tras él. No me gustaba ni nada. A un panadero no le tiene que gustar la señora que le compra una barra de pan y un par de madalenas. A una puta no le tiene que gustar el tío a quien se la va a chupar.

Es una especie de sometimiento consentido. O buscado (y desde luego encontrado). Luego llamaré a C. y le daré una buena sesión azotándole, insultándole y escupiéndole mientras le penetro con todas mis fuerzas.

El sexo se ha convertido en un lugar donde el equilibrio ya no existe, donde todo es excesivo. Un lugar donde la identidad salta por los aires, en el único lugar donde puedo ser yo y muchos a la vez. El único lugar donde la libertad para ser es absoluta.

Hace unos meses escribí que estaba perdiendo el interés por el sexo. Debí haber escrito que perdí el interés por un sexo. Me interesa cada vez más lo que está relacionado con el sexo, pero que no es el sexo. Lo circunstancial, lo contextual, lo semántico del sexo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Nada



Así que se trataba de esto...

Me quiero ir.

Lo real se ha roto
y lo concreto ha engordado
atróficamente,
como un tumor,
lo concreto ha infestado lo real
más allá del límite de tensión soportable.

San Michel Houellebecq,
decano de la catástrofe de lo real,
vidente del cáncer de lo concreto,

Cuius animam gementem
Contristatam et dolentem
Pertransivit gladius.


Me quiero ir.
Consultaré la idea con la almohada
aplicando tres dosis de sensatez.
Pero ahora me quiero ir...

Sancta mater, istud agas,

Crucifixi fige plagas

Cordi meo valide.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Dark room



Hay un lugar que es ningún lugar. Un lugar donde no eres nadie, donde puedes no ser nada.
Si la luz es lo que nos hace visibles, la oscuridad nos hace desaparecer.
La etimología de fascinar es latina: fascināre: encantar, y sus acepciones son preciosas:
1. tr. Engañar, alucinar, ofuscar.
2. tr. Atraer irresistiblemente.
3. tr. Hacer m
al de ojo.
El juego de las identidades me fascina y es una maldición.
Desaparecer desaparecer desaparecer:
«Je veux être poète, et je travaille à me rendre voyant : vous ne comprendrez pas du tout, et je ne saurais presque vous expliquer. Il s'agit d'arriver à l'inconnu par le dérèglement de tous les sens. Les souffrances sont énormes, mais il faut être fort, être né poète, et je me suis reconnu poète. Ce n'est pas du tout ma faute. C'est faux de dire : Je pense : on devrait dire : On me pense. —Pardon du jeu de mots—. Je est un autre. Tant pis pour le bois qui se trouve violon, et nargue aux inconscients, qui ergotent sur ce qu'ils ignorent tout à fait!» (1)
Je est un autre.
Y serlo.
Disolver el yo.
Desaparecer desaparecer.
La vida no está al margen. Yo soy yo y yo es otro al mismo tiempo.
¿Me duplico o me disuelvo? Quisiera saber eso.
Y avanzar en la nada.
Y avanzar hacia la nada.

Y soy amado,
allí soy amado como no lo soy en ningún otro lugar.
Cuando yo es otro en ningún otro lugar.


(1): Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. —Perdón por el juego de palabras—. Yo es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!

lunes, 6 de septiembre de 2010

Desprecio. Expulsión



Hoy he amanecido con un sentimiento de profundo desprecio hacia todos los hombres.

Hacia todos.

Sé por qué, pero no me atrevo ni a pensarlo. De hecho mi cuerpo se está encargando de vaciarse de todo. Soy una bolsa llena de desechos. Un contenedor blando de materia fecal.

No hay nada que pueda hacer para mitigar esta necesidad de querer expulsarme a mí mismo de mi propio cuerpo.

domingo, 23 de mayo de 2010

La puta poesía




Alguien me dijo que la bicicleta era de su prima.
No recuerdo quien.
No lo recuerdo, joder.
¡Joder, qué rabia!

¿Y la pintada?

miércoles, 19 de mayo de 2010

Puto teatro


Me está empezando a joder en demasía la mierdita del teatrito de los cojoncitos. Y es que cada vez que voy al teatro acompañado por ***** acaba convirtiéndose en una competición de egos y complejos.

Vamos, que estoy hasta la puta polla de añadir más mierda a la mierda de obras de teatro que voy a ver (porque, no olvidemos que vivo en una de las ciudades-cloaca-teatrales más apestosas) y que ***** es la persona insegura por definición. Me explicaré.



La cosa va como sigue: Salimos de ver cualquier mierda y de camino a casa, prometiéndome no enfadarme, hablamos de lo que acabamos de ver. Hay acuerdo en que es una mierda. Pero de repente un comentario de ***** me indica que siente que le estoy midiendo. Siente que estoy juzgando su puta erudición.

A mí me la suda tu puta erudición.
Yo me cago en la erudición.
Yo me cago en mi opinión.
Opinar no vale para nada, joder.

A ver si te queda claro.

Opinar no vale para nada.
La opinión es un puto engaño.

Haré otro mantra para asegurarme de que lo entiendes.

La mierda es mierda, opinemos lo que opinemos.

Otra cosa muy distinta es
que nos guste la mierda
o que no nos guste la mierda.
Eso no es opinión, eso es gusto;

y aunque tampoco sirve para nada,
el gusto es mucho más respetable que la opinión.

Pero lo que me pasa con ***** es que acabo hablando con sus prejuicios, sus miedos y sus putas pájaras mentales.

Eso sí: el puto cabrón desequilibrado soy yo, claro.
Soy yo el hijodeputa que sólo busca engordar su puto ego con memeces como "yo-sé-más-que-tú".

Mecagüenlaputa, qué mierda ser tan idiota, qué mierda ser tan cabrón.

Si es que soy de lo peorcito del mercao...




Y después ***** se llena la boca de palabras bonitas como soles: paciencia, tolerancia, flexibilidad.

Es entonces cuando yo sólo pienso en palabras terribles: ira, odio, sufrimiento, abandono, soledad. Egoísmo. Y pienso en esas palabras con todas mis fuerzas, para ver si se te ocurren a ti. Para ver si dejas de autoengañarte de una puta vez: POR MUCHO QUE UNO VAYA AL MÉDICO, ESO NO SIGNIFICA PARA NADA QUE ESTÉ CURADO.

Por mucho dinero que te hayas gastado en sesiones de terapia, eso no garantiza en absoluto que hayas mejorado un ápice como ser humano.

En los peores casos, el tumor se ha incrustado más aún gracias a la puta dosis de autoafirmación y la mierda de la confianza en uno mismo y toda esa basura.

Yo no estoy nunca seguro de mí. No sé como nadie puede estar seguro de sí. Menudos huevazos así de gordos que tienen algunos...

Por un lado está lo que nos gustaría ser, y por el otro está lo que somos.
Generalmente esos dos lados no suelen coincidir.
Y peor aún: hay quien cree que son la misma cosa.
Esos son los peores.

jueves, 13 de mayo de 2010

Recueillement - Recogimiento






Sois sage, ô ma Douleur, et tiens-toi plus tranquille.
Tu réclamais le Soir; il descend; le voici:
Une atmosphère obscure enveloppe la ville,
Aux uns portant la paix, aux autres le souci.

Pendant que des mortels la multitude vile,
Sous le fouet du Plaisir, ce bourreau sans merci,
Va cueillir des remords dans la fête servile,
Ma Douleur, donne-moi la main; viens par ici,

Loin d'eux. Vois se pencher les défuntes Années,
Sur les balcons du ciel, en robes surannées;
Surgir du fond des eaux le Regret souriant;

Le Soleil moribond s'endormir sous une arche,
Et, comme un long linceul traînant à l'Orient,
Entends, ma chère, entends la douce Nuit qui marche.


[Ten juicio, Dolor mío, guárdate más sereno.
Reclamabas la noche; hela aquí que desciende:
un aire oscuro envuelve la ciudad
llevando paz a unos, a otros inquietud.
Mientras de los mortales la vil plebe
que espolea el Placer, verdugo sin piedad,
va a por remordimientos a la fiesta servil,
dame la mano, Dolor, ven a mi lado,
y huyamos lejos. Mira cómo los muertos años
surgen con viejos trajes en el balcón celeste;
cómo brotan, sonrientes, del mar los desengaños;
cómo el sol bajo un arco se duerme en lontananza,
y como un gran sudario que viene desde el este,
oye, amor, oye cómo la dulce noche avanza.]

Charles Baudelaire
Les fleurs du mal
(citado por Michel Houellebecq en Les particules élémentaires)

domingo, 9 de mayo de 2010

Budd Dwyer


Hoy recordé a Budd Dwyer, el antiguo tesorero republicano de Pennsylvania que fue acusado de aceptar un sobornazo y se acabó suicidando en una rueda de prensa en el 87. Yo tenía diez años y recuerdo las imágenes en el NO-DO de la primera de tve. Creo que presentaba el telediario Concha García Campoy.

El día antes de que el tribunal que le juzgaba dictara sentencia, Budd convocó a la prensa. Hablaba y hablaba y cuando dejó de hablar repartió tres sobres a tres personas. Luego cogió una bolsa de papel y en vez de sacar una botella, sacó una pistola, se la metió en la boca y disparó. Siempre se declaró inocente.

Budd decidió matarse durante la rueda de prensa en vez de asumir que había cobrado un pasturrón bajo manga. Y alguien eligió que se mataría durante mi comida. Era jueves y eso significa que en mi casa estaba la Sra Maruja y también que comimos verdura y pescado. Los jueves venía la señora Maruja a mi casa y se comía verdura y pescado.




Así puedo afirmar que el tiro que Dwyer se disparó, metiéndose la pistola en la boca delante de toda aquella gente en el comedor de mi casa, sabía a patatas hervidas, a acelgas y a caballa a la plancha.

Diez minutos de odio al día


¿Ya has practicado tus diez minutos de odio al día?

sábado, 8 de mayo de 2010

¡Currad, cabrones!




Odio a los perdonavidas.

¡Qué asco, por dios, qué puto asco!
Gentuza que no mueven ni un dedo, que se quejan de todo sin pegar un puto palo al agua y que encima te hablan como si les debieras todo lo que eres.

Qué asco.

Si me encuentro a un perdonavidas más,
le pateo la boca,
le escupo en la cara,
le vomito encima.

Lo que sea, no lo sé.
Pero te juro que no se va de rositas...

y ese sentido del humor barato,
y esas expresiones para hacernos creer que van de buen rollo,
y esas cejitas levantadas arrugando la frente,
esa advertencia velada,
y ese tonito de deuda perpetua...

Mentirosos, mezquinos, infames.
Sois purita infección.

Id todos a tomar por el puto culo y salvadle la vida a vuestra puta madre antes de que se pegue un tiro, arrepentida por no haber cerrado las piernas.

Dejad de quejaros de lo poco que os recompensan y empezad a currar, joder.
¡Currad, cabronazos hijos de la gran puta!

Y tú, sobretodo tú, hijo de puta,
aprende a hablar.

Aprende a hablar o cierra tu jodida boca de imbécil perdonavidas.

No escribo con humor.

Los chistes quedan fuera.
Fuera.

Estoy hasta la puta polla de los perdonavidas.
Harto de la gente que me recuerda, cada vez que se dirige a mí, lo mucho que se sacrifica por la humanidad toda.
Hasta la puta polla de los que me recuerdan lo poco que se dice lo mucho que se les debe.

No me hago mala sangre: tengo la sangre podrida.
Lo que me corre por las venas está más cerca del alquitrán que de la sangre.
Lo que me corre por las venas está más cerca del lodo que de las nubes.
Lo que me corre por las venas es un incendio.

Hay que meterse hasta las cejas.
Hay que mancharse la cara.
Hay que llenarse de mierda.

Pero sobretodo, hay que trabajar, cojones.
Hay que trabajar.
Tra-ba-jar.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Compulsión. El séptimo «sí»

«7. Cada nueva relación, ¿tiene los mismos patrones destructivos que te incitaron a romper con la última?»

Recuerdo la compulsión y a veces la echo de menos.

Compellere, decían los latinos para expresar la obligación de hacer algo que no se quiere hacer.

Hay quien dice que muchos yonkis siguen vivos gracias a la heroína. Si no fuera por eso ya se habrían tirado al mar.

Es tan horripilante un cuerpo ahogado.

A veces recuerdo la compulsión y la echo de menos.
Como quien echa de menos un tumor con el que había aprendido a vivir.

martes, 4 de mayo de 2010

Pornografía, obscenidad, burguesía





«En mi definición, cualquier cosa que pueda llamarse obscena se aparta de la norma burguesa. Refiérase a la sexualidad o a la violencia o a otro tema tabú, cualquier cosa que rompa la norma es obscena. En la medida en que la verdad es siempre obscena, espero que todas mis películas tengan al menos un elemento de obscenidad.

En contraste, la pornografía es lo opuesto, en que convierte en mercancía aquello que es obsceno, convierte lo inusual en algo consumible, lo cual es el verdadero aspecto escandaloso del porno, más bien que los argumentos tradicionales propuestos por las instituciones sociales. No es el aspecto sexual sino el aspecto comercial del porno lo que lo hace repulsivo. Pienso que cualquier práctica artística contemporánea es pornográfica si intenta vendar la herida, por así decirlo, esto es, nuestra herida social y psicológica. La pornografía, me parece, no es diferente a las películas de guerra o a las películas de propaganda en el sentido de que trata de convertir en consumibles los elementos viscerales, horrorosos o transgresores de la vida. Las películas de propaganda son más pornográficas que un video casero de dos personas teniendo sexo.»

Michael Haneke,
Entrevista de Christopher Sharret
Cineaste, Vol. XXVIII, No.3 (Verano 2003)

martes, 27 de abril de 2010

El humor y la muerte



«El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.»


Michel Houellebecq
Las partículas elementales

lunes, 26 de abril de 2010

La certeza racional

«Podríamos imaginar una fábula en la que un pequeño grupo de hombres (como máximo unos centenares en todo el planeta) trabaja encarnizadamente en algo muy difícil, muy abstracto, absolutamente incomprensible para los no iniciados. Estos hombres siempre serán unos desconocidos para el resto de la población; no tienen poder, fortuna u honores; ni siquiera hay alguien que entienda el placer que les procura su pequeña actividad. Sin embgargo son las potencia más importante del mundo, y lo son por un motivo muy simple, un motivo muy pequeño: detentan las claves de la certeza racional. Todo lo que declaran verdadero, el resto de la población lo reconoce tarde o temprano como tal. Nintún poder económico, político, social o religioso es capaz de enfrentarse a la evidencia de la certeza racional. Podemos decir que Occidente se ha interesado más allá de toda medida por la filosofía y la política, que ha luchado del modo más irracional por asuntos filosóficos o políticos; también podemos decir que Occidente ha amado apasionadamente la literatura y las artes; pero en realicad nada va a pesar tanto en su historia como la necesidad de certeza racional. A fin de cuentas, Occidente ha terminado sacrificándolo todo (su religión, su felicidad, sus esperanzas y, en definitiva, su vida) a esa necesidad de certeza racional. Es algo que habrá que recordar a la hora de juzgar al conjunto de la civilización occidental.»


Michel Houellebecq
Las partículas elementales

Placeres y dolores

«Nunca, en ninguna época y en ninguna otra civilización, se ha pensado tanto y tan constantemente en la edad; la gente tiene en la cabeza una idea muy simple del futuro: llegará un momento en que la suma de los placeres físicos que uno puede esperar de la vida sea inferior a la suma de los dolores (uno siente, en el fondo de sí mismo, el giro del contador; y el contador siempre gira en el mismo sentido). Este examen racional de placeres y dolores, que cada cual se ve empujado a hacer tarde o temprano, conduce inexorablemente a partir de cierta edad al suicidio.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

La desgracia y la felicidad

«La desgracia sólo alcanza su punto más alto cuando hemos visto, lo bastante cerca, la posibilidad práctica de la felicidad.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

Annabelle y Michel

«[...] pero lo más normal es que sintieran que una sombra gris se extendía en ambos, sobre la tierra que los sostenía, y en todas las cosas veían el final.»


Michel Houellebecq
Las partículas elementales

Enfermedad

«El yo es una neurosis intermitente, y al hombre le faltaba mucho para estar curado.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

Beatniks, hippies y Charles Manson



«[...]la regresión de las sociedades occidentales desde 1945 no era otra cosa que un retorno al culto brutal de la fuerza, un rechazo a las reglas seculares lentamente erigidas en nombre de la moral y del derecho. Accionistas vieneses, beatniks, hippies y asesinos en serie tenían en común ser unos libertarios integrales, que predicaban la afirmación integral de los derechos del individuo frente a todas las normas sociales, a todas las hipocresías que según ellos constituían la moral, el sentimiento, la justicia y la piedad. En este sentido, Charles Manson no era ni mucho menos una desviación monstruosa de la experiencia hippie, sino su desenlace lógico.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

El mundo es lo atroz

«David estaba convencido de que lo más grande del mundo se construye siempre sobre un crimen.»


Michel Houellebecq
Las partículas elementales

La ley moral y el amor

«El universo era un campo vallado, un hormiguero bestial; estaba rodeado por un horizonte cerrado y duro, perfectamente visible, pero inaccesible: la ley moral. Sin embargo, está escrito que el amor contiene y ejecuta la ley.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

viernes, 23 de abril de 2010

La angustia: la imposibilidad de rectificar

«Ni siquiera Dios puede hacer que lo que una vez fue deje de ser.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

miércoles, 14 de abril de 2010

La palabra se pudre

«El espacio separa las pieles. Las palabras atraviesan elásticamente el espacio, el espacio entre las pieles. No escuchadas, desprovistas de eco, como suspendidas tontamente en el aire, sus palabras empezaban a pudrirse y apestar, era indiscutible. La palabra, que crea una relación, también puede separar.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

Hablar con tías tiradas

«Hablar con tías tiradas es como mear en una taza llena de colillas o como cagar en una taza llena de compresas; las cosas no entran y empiezan a apestar.»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

martes, 13 de abril de 2010

Adolescencia y sexualidad: el daño absoluto

«Es difícil imaginar algo más estúpido, agresivo, insoportable y rencoroso que un preadolescente, sobre todo cuando está con chicos de su edad. El preadolescente es un monstruo mezclado con un imbécil, de un conformismo casi increíble; parece la cristalización súbita y maléfica (e imprevisible, si pensamos en el niño) de lo peor del hombre. ¿Cómo se puede dudar, después de eso, que la sexualidad es una fuerza absolutamente dañina?»

Michel Houellebecq
Las partículas elementales

lunes, 12 de abril de 2010

Las feministas y Marie-Claire



«—Nunca he entendido a las feministas... —dijo Christiane a media cuesta—. Se pasaban la vida hablando de fregar los platos y compartir las tareas; lo de fregar los platos las obsesionaba literalmente. A veces decían un par de frases sobre cocinar o pasar el aspirador; pero su gran tema eran los platos por fregar. En pocos años conseguían transformar a los tíos que tenían al lado en neuróticos impotentes y gruñones. Y en ese momento, era matemático, empezaban a tener nostalgia de la virilidad. Al final plantaban a sus hombres para que las follara un macho latino de lo más ridículo. Siempre me ha asombrado la atracción de las intelectuales por los hijos de puta, los bruutos y los gilipollas. Así que se tiraban dos o tres, a veces más si la tía era muy follable, luego se quedaban preñadas y les daba por la repostería casera con las fichas de cocina de Marie-Claire. He visto el mismo guión repetirse docenas de veces.»


Michel Houellebecq
Las partículas elementales

jueves, 8 de abril de 2010

Otra vez


Todo es inútil. Todo.
Hoy le decía a Q. que si pudiera me pegaba el tiro.
Lo peor es que me ha comprendido. O eso ha dicho. Claro.
No: lo peor es que nunca lo haré.
Nunca lo haré. Nunca, nunca, nunca.

En la última manejaba una pistola de fogueo.
Qué gustazo disparar.
Qué gustazo esa explosión.
Sólo podía pensar en hacerlo con balas de verdad.



Todo está en la cabeza.
El misterio está en la cabeza.
El universo entero,
todo dentro de la cabeza.
Todas las balas,
todos los golpes.

A veces se me pasa,
a veces todo esto se me olvida
y consigo algo más.
Luego se derrumba.
Como ahora:
otra vez.
Y otra.
Y otra vez más.
Otra vez.

martes, 6 de abril de 2010

Haneke #2

«No es necesario ser malo para convertirse en culpable, simplemente forma parte de la vida cotidiana.»

Michael Haneke

Anti-credo


No creo en la bondad del hombre.
No creo en la pureza del alma.
No creo en los bienintencionados.
No creo en la paz del espíritu.
No creo en el espíritu.
No creo en la luz.
No creo en el puto amor.
No creo en la puta vida.
No creo en la inteligencia.
No creo en la curación.
No creo en el hombre.
No creo en el hombre.
No creo en el hombre.
No creo en el hombre.

domingo, 4 de abril de 2010

No hay una mierda de verdad en mí


Estoy descubriendo que todo lo que me rodea y todo lo que llevo dentro es ab-so-lu-ta-men-te falso. Cada vez me siento más y más cerca de Elisabeth Vogler en Persona de Bergman. Tal vez la mejor película del mundo. Tal vez la única historia que merece la pena ser contada. Todo lo demás sobra, todo lo demás es pura mierda. Pura basura.

Un día me callaré y será para siempre. SERÁ PARA SIEMPRE.

Me gustaría acercarme a la bondad, pero no puedo. Se escapa, se escapa, SE ESCAPA LA BONDAD SE ESCAPA. Empiezo a dudar de que exista la bondad, cualquier tipo de bondad. Creo que es un disfraz del mal.



AHORA TE ESCRIBO A TI, HIJO DE PUTA


No existe la bondad
no existe tu bondad
no existen las buenas intenciones
tus buenas intenciones
mierda pura tus mierderas buenas intenciones
me cago en tus buenas intenciones
"Me cago en tus buenas intenciones" significa:
Defeco en tus buenas intenciones
Me cago de verdad
Te hablo de mierda. DE MIERDA
Lo último, ¿entiendes? LO ÚLTIMO
Las putas buenas intenciones sólo sirven para cubrirme de mierda y que encima te dé las gracias por cuidar de mí, por abrigarme en esa montaña de mierda, por ahogarme en ella.
AHOGARME EN MIERDA.
Si fuera capaz, joder, si no fuera un puto y cobarde gusano...
Si tuviera un ápice de valentía habría asesinado,
habría matado,
me habría entregado por completo al crimen.
Pero no me atrevo. NO ME ATREVO.
Cada vez estoy más cerca. Más cerca.
CADA VEZ MÁS CERCA.

«Cuando la felicidad ha sido masacrada,
el odio se convierte en justicia.»

Y yo odio con todas mis fuerzas.
Mi odio es de un tamaño inhumano.
Mi odio no cabe en un hangar.
Mi odio es tan grande que derribaría montañas,
mi ira es tan grande que quemaría todos los bosques,
mi furia es tan desmesurada que rezuma por mis oidos
que mis vísceras estallan como misiles nucleares.
Vomito sobre tus palabras bienintencionadas, ¿me oyes?
VOMITO SOBRE TU BONDAD
Siempre escudado en tu bondad de imbécil para joder tranquilo.
Escudado en tu bondad de hombre tibio para disimular tu propio odio, tu propia ira.
Escudado en tu puta santidad para ser un legítimo cabronazo con razones.
Escudado tras tu puta santidad.
Refugiado tras tu puta santidad.
Escondido tras tu puta santidad.
ORINO EN LOS PANTALONES DE TU SANTIDAD
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa que sientes el mal como una erección.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa que te regodeas en el dolor ajeno para engendrarte a ti mismo una y otra vez.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa.
Para que nadie sepa que eres el Gran Aniquilador, el Gran Triturador, el Gran Mentiroso.
Camuflado de buenas intenciones.
Escupiendo buenas intenciones.
DEFECO EN TUS BUENAS INTENCIONES
VOMITO SOBRE TU BONDAD
ORINO EN LOS PANTALONES DE TU SANTIDAD

Un día me callaré y será para siempre. SERÁ PARA SIEMPRE. CALLARÉ PARA SIEMPRE.
¿Por qué no llega ya ese puto día? Soy tan molesto, tan molesto, tan insoportable cuando abro la boca

La primera


Tengo once años y estoy en la sala de casa. De casa de mis padres, se entiende. Es domingo por la tarde. Mi madre no está. Tal vez sea sábado. Estoy tirado viendo la tele. A mis pies, sobre el brazo iquierdo del sofá, la luz del aparato que reverbera sobre mi cara, sobre mi cuerpo, sobre los muebles setenteros, sobre algún dibujo mío de cuando era pequeño que mi madre colgó en la pared con cuatro chinchetas. Después de un rato largo de siesta, me despierto con la música del concurso Juego de niños. Sardà en la TV y yo en el sofá. Me saco la polla, que ya despertó dura de la siesta, y empiezo a cascarme una pera. Soy constante en la labor. Me empieza a correr el placer por las piernas y la baja espalda, y en la cabeza, algo me dice que no pare; que no pare hasta que salga algo. De aquí tiene que salir algo. «Ya puede salir algo, joder, ya tengo edad», me digo. En estas, entra mi padre, pero, claro no me ve. Él no puede. Yo me detengo, o más bien, aminoro la marcha, y por pudor me pongo la mantita de la siesta por encima de la polla. Mi padre se sienta en su mecedora y como oye que estoy viendo la tele, se pone los cascos para escuchar música. «Perfecto», pienso yo. Aparto la manta y sigo con mi trabajo. Dale que te pego con la paja que había empezado minutos atrás. «Deaquísalealgodeaquísalealgodeaquísalealgodeaquísalealgodeaquísalealgopormisgüebakos», me repito una y otra vez. Y ahí tumbado, en el sofá de casa, con el sardá en la TV y con mi padre enfrente escuchando música en su mecedora, eyaculo por primera vez en mi puta vida y me muero. Me muero de placer. «Qué gusto, joder, qué gusto». Y tras limpiarme un poco con la mano (seguro que probé un poco con la lengua) e ir al WC a acabar la limpieza con agua y una toalla (posiblemente la de secarse las manos toda la familia). Me planto en el sofá de nuevo, me vuelvo a sacar la chorra y así hasta quedar seco ese primer día glorioso del resto de mi vida.

domingo, 14 de marzo de 2010

Mi madre muerta y mi hermana muerta


Mi madre muerta me juega malas pasadas de vez en cuando.

Mi hermana que nunca nació también.



Hoy he querido morirme, he querido golpearme.
De hecho lo hice mientras estaba en la ducha.
Unas buenas hostias en los muslos,
en la cara y en el vientre.

Me da miedo hacerme daño:
dejo de pegarme:
es idiota.

Quería matarle, quería matarme.
Quería matar, lo juro.
Juro que quería matar. A mí. A él.
Pero matar, matar algo. A alguien.


Quería reventarme la cabeza contra la pared.
Sobre la pintura verde, la sangre quedaría preciosa,
tan oscura...

Luego, por la tarde, tenía que tocar en un cumpleaños.
Es horrible ganarse la vida divirtiendo a los demás.
Qué desgaste, joder: fingir ser feliz, muy feliz.
Fingir estar muy contento de seguir vivo.
Hacer oídos sordos a la llamada a gritos de las dos hijas de puta desde la tumba.
Porque me llaman, ¿lo sabías? Me llaman.
Las dos malditas me llaman.
Las dos zorras egoístas.

Y yo le digo a cada una:

—¡Jódete! ¡¡¡Jódete, jódete, jódete, jódeteeeee!!! Estás muerta y te jodes: ¡¡¡Jódete!!! Dejadme en paz de una puta vez. Tú y la otra. Dejadme las dos.

Y le digo a mi madre muerta:

—A ella ni siquiera la conozco. Nunca la vi, ni siquiera compartí la presencia en el mundo con ella.



Joder, quiero enterrarlas, enterrarlas definitivamente.

Me da miedo hacerlo por si me caigo yo en el agujero. Hoy he tenido mucho miedo. Desde ayer. Ayer por la noche acabé gritando como un puto energúmeno. Necesito autocontrol, mucho, muchísimo autocontrol. Otra como esta noche y no vuelvo ya. Otra como ésta y me voy y no vuelvo. No vuelvo.

Me quedan pocas, muy pocas ganas
muy pocas ganas.

domingo, 7 de marzo de 2010

Algo tan delgado, tan vacío


He ido a ver la película de Tom Ford y este es su cartel:



Me pregunto qué necesidad habrá pellizcado a Ford para hacer esta película. Qué quería explicarme. Por qué la ha hecho.

Aún no sé si la aborrezco, pero sí sé que podría haber estado mejor en cualquier cuarto oscuro, o en un hospital, sentado, viendo pasar enfermos, o en una parada de autobús, dejándolos pasar de largo, o llenando la bañera y soltando el tapón para ver cómo se escapa el agua. Todo muy bonito: tal vez. Pero todo tan delgado, tan vacío... ¿Ese es el retrato que ha hecho Tom Ford para que sepamos lo que es la soledad de haber perdido para siempre a quien amamos? Dicho de otro modo: ¿Ese fue el retrato que hizo Spielberg para que su hijo supiera lo que fue el Holocausto?

Lo pensaré.

sábado, 20 de febrero de 2010

El problema es siempre otro



«1. ¿Guardas secretos sobre tus actividades sexuales o románticas? ¿Mantienes una vida doble?


»2. ¿Tus necesidades te han orillado a tener sexo en sitios o en situaciones o con gente con las que normalmente no te involucrarías?


»4. ¿Te has dado cuenta de que tus fantasías románticas o sexuales causan problemas en tus relaciones o que te prohiben dar cara a tus problemas?


»5. ¿Frecuentemente quieres alejarte inmediatamente de una pareja sexual después de tener sexo? ¿Frecuentemente sientes remordimiento, vergüenza o culpabilidad después de un encuentro sexual?


»11. Tus actividades sexuales, ¿incluyen riesgos, amenazas, o la realidad de enfermedades, embarazo, coacción o violencia?


»12. Tu comportamiento sexual o romántico, ¿te ha dejado alguna vez con el sentimiento de una falta total de esperanza, enajenación, o con ganas de suicidarte?»


«Si contestaste con un «sí» a más de una de estas preguntas, te animamos a buscar literatura adicional como recurso, o a asistir a una reunión para mejor evaluar tus necesidades.»

miércoles, 17 de febrero de 2010

Hace quince años que escuché estas palabras








«Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.»

César Vallejo

domingo, 7 de febrero de 2010

Sexo, amor; peinarme poco, amarte mucho


Odio el sexo con amor. Ya lo odio.

El amor y el sexo no tienen nada que ver. Nada. Nada. Nada.

Nada que ver.

Amor.

Sexo.

Maldita sea, maldita sea, maldita sea la hora en que alguien soldó ambas ideas. ¡Qué asco, joderrrr!

¿Qué cojones tiene que ver lo mucho o poco que me peine con lo mucho o poco que te quiera? ¡Nada!

¿Qué cojones tiene que ver lo mucho o poco que te folle con lo mucho o poco que te quiera? ¡Nada, joder, nada! ¡Nada!

Si hubiera una correlación entre ambos términos, me volvería loco. Te volverías loco. Nada tendría ningún sentido. Nunca.

Ahora practico sexo con cualquiera. Hago de todo. Para embrutecerme, para ensuciarme. Me esfuerzo en darme asco. Todo el asco que pueda aguantar. Y constato que no tiene nada que ver.

No tiene nada que ver.

El puto sexo con el puto amor no tiene nada que ver.

A lo mejor eso es lo malo, que tienen sexo


Definitivamente, la puta Anunciación fue una violación que resuena aún en mi cabeza. La violación de una puta perpetrada por un ángel.

Vivo con la contradicción de querer repetirla cada día, en uno o en el otro papel, pero revivirla, y al mismo tiempo, deseo olvidarme por completo de ella.

La moral de la monja, la moral de la puta.
La moral del ángel, la moral del violador.
La moral del hijo, la moral del padre.



De todo esto lo que no me queda claro es quién soy yo.

¿Soy el ángel o soy la puta?
¿Soy el Diablo o Dios?

¿Existe la posibilidad de que sea ambos?