Mostrando entradas con la etiqueta El perdón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El perdón. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de mayo de 2016

Demonios y santos

Yo tengo siete demonios dentro
que me dan aliento
para hacer el mal.

Yo tengo siete santos dentro
que me dan tormento
para no pecar.

miércoles, 8 de julio de 2015

Los nombres de Dios






















Protégeme, Lowenbein.
Protégeme, Allyues.
Protégeme, Huteoul.
Vieare, Tpah, Enertioch.
Protégeme, Burici.
Atichand, protégeme.
Frupereog, protégeme.
Remanterhs, protégeme.
Protégeme, Siduri.
Ezonsab.
Heyincrod.
Eopiosta.
Abadbeh.
Protégeme, Pfhat.
Protégeme, Aion.
Zulkadah.
Traheen.
Hiphalt, Chnuphis, Manihlot.
Protegedme de lo que deseo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Toda la bondad




He agotado la bondad que me había sido entregada. La he agotado toda.
Toda la bondad.

martes, 9 de noviembre de 2010

Delgada y tensa. Quebradiza.


Una línea fina,
delgada y tensa.
Quebradiza.

Mi cuerpo se ha convertido en una raya agudísima. Soy una hebra de humanidad. Sólo una hebra.

Hace dos días lo solté. Dije que no estaba cómodo con él, que con el amor no basta. Que el sexo con él es tan parcial...

Duele.

El sexo con él duele.
La ausencia también.
Hay demasiada atención prestada a mi sexo con él.
Siento el cerco policial alrededor de mi sexo.
Sus fantasmas me meten hachones encendidos por el culo,
hienden bisturís en mi sexo que ya no es mío,
ya es de otro.

Llevamos tres días sin apenas rozarnos.
Huele a podrido, es indisimulable.
El terror está brotando de este detrito
tibio como una meada
falto de todo
ahogado por nada.

El silencio es peor que cualquier insulto,
peor que si nos escupiéramos azufre encendido.

El perdón está en desuso: hoy una joven madre apresuraba a cruzar la calle a su hija pequeña, diminuta, preciosa. Al término del cruce, al otro lado del paso de cebra, la madre dice a la hija humildemente y con tanta serenidad: «Perdóname, perdoname por meterte prisa». La hija besa a su madre y continúan su camino. Me he escondido detrás de unos coches para llorar. No tenía con qué enjugarme las lágrimas, con qué sonarme los mocos. La serenidad es una fuerza delgada y tensa. Quebradiza.